Tinta egipcia, relato de un aficionado
Jueves, 11 de Diciembre de 2008
Descubrí el tatuaje y el piercing a principios de los años noventa, cuando aún era un tabú en mi Francia natal. Fue en un club nocturno de Londres, “Them”, que era un buen lugar para descubrir el arte corporal y aprender que el piercing no es mutilarse, y que el tatuaje puede ser todo un arte.
En lo que se refiere a mi pasión por Egipto, hay que retroceder a 1986, cuando leí la novela Sinuhé el Egipcio. En ella, uno descubre una hermosa historia de amor y la civilización egipcia de mediados del nuevo imperio de los faraones (de 1580 al 1085 a. J. C). La práctica de la medicina, las profesiones y la vida cotidiana del pueblo egipcio están muy bien descritas, y eso me llevó a leer más libros de historia. Los periodos que más me fascinan son el Viejo Imperio, con la construcción de las primeras pirámides. Pero también me interesa el Nuevo Imperio, hasta Ramsés III.
Me hice mi primer tatuaje en 1994, el que llevo en el pecho. Está sacado de un bajorrelieve de la tumba de Seti I, el padre de Ramsés II. La escena muestra a Seti con el dios Osiris (señor de la Eternidad) en verde, lo que representa el florecimiento de la Naturaleza, así como a uno de mis favoritos, el dios Horus, que tiene la cabeza de un halcón y lleva una doble corona. Tras Osiris está la diosa Hathor, la amada de Horus.

