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Tatuajes de dioses de la luna

Lunes, 16 de febrero de 2009

Para los inuit de Groenlandia, la diosa lunar Anningan era una incestuosa jovencita que se pasaba toda la vida persiguiendo a través de los cielos a su hermana, la diosa solar Malina. Nunca la alcanzaba, y durante la persecución se olvidaba de comer y perdía peso, y de ahí los ciclos lunares. Cada mes, Anningan se retiraba a la mesa celestial, donde se atracaba durante tres días. Esto, decían los inuit, era lo que explicaba la Luna llena. Tras el festín, Anningan regresaba a los cielos, convertída en una saludable Luna llena, dispuesta a reiniciar la persecución.
Si bien la gente moderna ya no adora a la Luna, son muchos los que creen que posee poderes sobrenaturales. Y existe la creencia generalizada de que la Luna llena puede llegar a enloquecer. Y se podría decir que las víctimas más extremadas de la locura lunar son los licántropos, los hombres que se transforman en lobo. Muchas películas han tenido al hombre lobo como protagonista.
¿Hay algo de cierto en la idea de la locura lunar? Si bien no existen datos científicos que apoyen este fenómenos, son muchos los convencidos de su realidad. En una reciente encuesta llevada a cabo por la Universidad de Nueva Orleans, el 43 por ciento de los que la contestaron dijeron que creían que, realmente, la Luna inspiraba en la gente comportamientos fuera de lo normal, e incluso criminales. Y entre los que contestaron afirmativamente a esto se hallaban médicos, psicólogos y enfermeras, profesionales serios y con los pies en el suelo, que deben de saber por su propia experiencia si la histeria lunar es una realidad o un mito. Y si bien eso no basta para confirmar la existencia de la locura lunar, ilustra claramente el tremendo poder que el orbe lunar ejerce aún sobre nuestra imaginación. No es de extrañar, pues, que sea un tema tan popular para los tatuajes.

Tatuajes de nativos americanos

Viernes, 13 de febrero de 2009

Para los nativos americanos, los habitantes del mundo natural eran vistos como manifestaciones del espíritu, y hermanos y hermanas del hombre. En las culturas amerindias no se conocía la caza como deporte, y era tenido por sacrilego el cazar y matar a cualquier animal, a menos que fuera para el propio sustento. Y no se desperdiciaba parte alguna del animal: la carne era comida, los huesos trabajados para convertirlos en herramientas, y las pieles, usadas para hacer ropa o artículos rituales. Todo el proceso era realizado con sobriedad religiosa, y cualquier desperdicio era tenido por anatema. ¡Cuan diferentes eran los nativos norteamericanos a los invasores anglosajones, que pusieron un precio a la cabeza de los búfalos, para hacer sitio a los ferrocarriles! uchos estadounidenses modernos han desarrollado una actitud más preclara acerca de la conservación de los animales, así como un respeto por las tradiciones místicas de los nativos. El chamanismo de la Nueva Era está construido sobre el modelo nativo americano. Los «animales de poder» tienen un papel vital en todo ello, puesto que los animales representan la cara espiritual de la naturaleza, y también sirven de intermediarios. Según el folklore de los *  hopi y los zuni, en tiempos de sequía el colibrí vuela al cielo a suplicar lluvia en favor de los sedientos humanos. Y cuando el hambre amenaza, vuela al centro de la Tierra, para suplicar al Dios de la Fertilidad que restaure la vitalidad de las tierras.