
Quien no sabe reflejar en el trabajo su propia personalidad no puede ser reconocido como artista. En cambio, aquellos que, ayudándose del conocimiento de la técnica, utilizan su propio talento, sobresalen, sin duda alguna, de entre la mayo ría de personas. Son los artistas. A pesar de que la técnica
del tatuaje tiene de por sí numerosas limitaciones expresivas, quien finalmente se decide a visitar el taller de un artista-tatuador debe sentirse afortunado. De este modo, conseguirá seguramente una obra de arte personalizada y singular, una pieza única del taller de ese artista. La relación que se establece entre el tatuador y el tatuado contribuye a romper esa especie de limitación a la que nos acaba mos de referir.
La persona que decide hacerse un tatuaje no es una tela sobre la que pintar o un muro que se debe decorar, sino un ser vivo que pone a disposición del tatuador una parte de su propia piel, y que a menudo escoge dibujos extraídos de un catálogo a partir de los cuales el artista-tatuador no puede expresar su propio estilo. El verdadero artista necesita ideas originales para realizar un trabajo creativo. No acepta de buena gana realizar imitaciones, no se siente satisfecho con sólo reproducir un objeto: ¡quiere crear! Por esta razón, necesita tener una buena relación con su «tela».
Muy buenos dibujantes dedican su empeño y su creatividad a crear temas siempre nuevos y originales para tatuarse, que permiten al ejecutor del tatuaje expresar su capacidad técnica y artística. Mirad, por ejemplo, este espléndido dibujo. Ciertamente, realizarlo en un tatuaje no es nada sencillo pero, en las manos de un tatuador experto, el resultado final… no pecará de falta de originalidad.