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Diferentes técnicas de tatuaje en convenciones

Martes, 2 de diciembre de 2008

Un pérfido Freddy Krueger realizado en blanco y negro con algunos toques de coloren los puntos justos.
El primer sentimiento de un tatuador que se encuentra trabajando codo con codo con todos los demás es la emoción por la cercanía de colegas tan ilustres.
Es muy interesante para los profesionales del tatuaje hablar con los colegas, intercambiar ideas y observar diferentes técnicas de trabajo. Y, por supuesto, no perderse la ocasión de tatuarse mutuamente.
Además, las convenciones son el mejor modo para darse a conocer. ¿Qué más decir?
Participar en una convención de tatuajes es seguramente una experiencia fascinante tanto para los espectadores como para los protagonistas, pero se debe subrayar que, además de ser curiosa y excitante, una convención es también, seguramente… ¡extenuante! De todos modos, vale la pena estar allí, especialmente si se quiere conocer un poco mejor el mundo del tatuaje.
Para acabar, un consejo: si es tímido y no le gusta ser objeto de cientos de miradas, no se tatúe en una convención.

Tatuajes artisticos

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Menos frecuentes eran los tatuajes como símbolo de pertenencia y de identificación (sobre todo entre los soldados), como recuerdo o como señal de una determinada posición política o jerárquica.
Sólo más tarde hicieron aparición en la lista de los temas más demandados los relacionados con el amor, con la fidelidad y los eróticos. Hacia finales del siglo xix, se produce la mayor difusión del tatuaje. Aunque, la máxima acogida tenía lugar todavía entre las clases bajas (obreros, jornaleros y artesanos), que solían tatuarse temas de su profesión, también tuvo una difusión considerable entre las clases altas, en su mayoría nobles excéntricos, de entre los cuales podemos mencionar a Eduardo VIII y al zar Nicolás.
En esta época el interés hacia el tatuaje fue en aumento. Todo ello puede confirmarse incluso por el hecho de que, en ese período, se difundio la costumbre de exponer personajes tatuados como atracción en las ferias y en los circos, los cuales consiguieron alcanzar un gran éxito de público.
Entre los primeros grandes tatuadores pertenecientes a este período podemos destacar al japonés Hory Chyo, que ya en 1860 poseía un taller en Tokio con muchos ayudantes y aprendices. Era muy famoso y considerado especialmente entre los oficiales de marina europeos. Sutherland McDonald, un alumno suyo, tatuaba según la técnica japonesa aprendida de su maestro y tenía un estudio en Picadilly Circus, en Londres.
En aquella época, en América los estudios de tatuajes estaban presentes en todos los puertos y el tatuador más reconocido fue Lewis Albert de Brooklyn.

Tatuaje dragon

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Un típico dragón oriental se agita por los hombros y el pecho. Este dibujo, realizado con colores muy vivos, es característico en la cultura del tatuaje.
Un tatuaje feo es algo que desfigura para siempre a la persona que lo lleva. Algunas veces, un tatuador profesional puede intervenir para taparlo con otro trabajo pero, en cualquier caso, su dibujo estará condicionado por el precedente. El problema estético no es el más grave; de hecho, se debe considerar que el tatuaje, si no se ha realizado observando las más rigurosas normas higiénicas, puede ser un gran vehículo para la transmisión de infecciones y enfermedades. Por lo tanto, confiarse a practicantes no expertos no es en absoluto aconsejable, si queremos cuidar nuestra salud.

Serpiente Tatoo

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Quien no sabe reflejar en el trabajo su propia personalidad no puede ser reconocido como artista. En cambio, aquellos que, ayudándose del conocimiento de la técnica, utilizan su propio talento, sobresalen, sin duda alguna, de entre la mayo ría de personas. Son los artistas. A pesar  de que la técnica
del tatuaje tiene de por sí numerosas  limitaciones  expresivas, quien finalmente se decide a visitar el taller de un artista-tatuador debe sentirse afortunado. De este modo, conseguirá seguramente una obra de arte personalizada y singular, una pieza única del taller de ese artista. La relación que se establece entre el tatuador y el tatuado contribuye a romper esa especie de limitación a la que nos acaba mos de referir.
La persona que decide hacerse un tatuaje no es una tela sobre la que pintar o un muro que se debe decorar, sino un ser vivo que pone a disposición del tatuador una parte de su propia piel, y que a menudo escoge dibujos extraídos de un catálogo a partir de los cuales el artista-tatuador no puede expresar su propio estilo. El verdadero artista necesita ideas originales para realizar un trabajo creativo. No acepta de buena gana realizar imitaciones, no se siente satisfecho con sólo reproducir un objeto: ¡quiere crear! Por esta razón, necesita tener una buena relación con su «tela».

Muy buenos dibujantes dedican su empeño y su creatividad a crear temas siempre nuevos y originales para tatuarse, que permiten al ejecutor del tatuaje expresar su capacidad técnica y artística. Mirad, por ejemplo, este espléndido dibujo. Ciertamente, realizarlo en un tatuaje no es nada sencillo pero, en las manos de un tatuador experto, el resultado final… no pecará de falta de originalidad.