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Tatuando un chamán

Sábado, 14 de febrero de 2009

Cuando un chamán entra en trance, viaja a la Tierra de los Animales, en donde se encuentra con el poder del espíritu animal que le sirve como maestro y mentor. Todas las formas naturales están presentes en este plano metafí-sico, y cada entidad posee cualidades que el chamán desea hacer suyas. Por ejemplo, el oso simboliza la fuerza, la introspección y el conocimiento de sí mismo; el antílope, la paciencia, tenacidad y conciencia de la comunidad; y el delfín, el amor, la sabiduría y la conciencia de sí mismo. Las pinturas en tumbas y cavernas desperdigadas por el mundo entero nos sugieren que, en una época, el chamanismo fue universal. Para los antiguos celtas de la vieja Europa, el oso, que simbolizaba el fuego y el poder dador de vida del Sol, era uno de los animales más poderosos. El águila, cuya imagen es empleada como un símbolo nacional por países de los más lejanos confines del globo, significaba poder, sabiduría, sanación y el logro de las aspiraciones espirituales. Por cierto, que las plumas de ese poderoso pájaro fueron usadas por muchas culturas como instrumentos rituales y de curación. Pero no se necesita ser un chamán para interactuar con los animales de poder. Los tribeños llevan a menudo fetiches animales para representar su unión con los tótems, o sea, los espíritus animales que les guían durante su camino por este mundo. Según la tradición nativa norteamericana, los tótems buscan a individuos determinados, a los que imparten sus conocimientos de modo subconsciente, o en persona: algunas enseñanzas llegan en sueños, otras por la aparición del animal en el mundo físico. Claro que, cuando están en este mundo, los tótems mantienen las distancias, y ha de ser el observador el que extraiga enseñanzas del ver su comportamiento.

Tatuajes de nativos americanos

Viernes, 13 de febrero de 2009

Para los nativos americanos, los habitantes del mundo natural eran vistos como manifestaciones del espíritu, y hermanos y hermanas del hombre. En las culturas amerindias no se conocía la caza como deporte, y era tenido por sacrilego el cazar y matar a cualquier animal, a menos que fuera para el propio sustento. Y no se desperdiciaba parte alguna del animal: la carne era comida, los huesos trabajados para convertirlos en herramientas, y las pieles, usadas para hacer ropa o artículos rituales. Todo el proceso era realizado con sobriedad religiosa, y cualquier desperdicio era tenido por anatema. ¡Cuan diferentes eran los nativos norteamericanos a los invasores anglosajones, que pusieron un precio a la cabeza de los búfalos, para hacer sitio a los ferrocarriles! uchos estadounidenses modernos han desarrollado una actitud más preclara acerca de la conservación de los animales, así como un respeto por las tradiciones místicas de los nativos. El chamanismo de la Nueva Era está construido sobre el modelo nativo americano. Los «animales de poder» tienen un papel vital en todo ello, puesto que los animales representan la cara espiritual de la naturaleza, y también sirven de intermediarios. Según el folklore de los *  hopi y los zuni, en tiempos de sequía el colibrí vuela al cielo a suplicar lluvia en favor de los sedientos humanos. Y cuando el hambre amenaza, vuela al centro de la Tierra, para suplicar al Dios de la Fertilidad que restaure la vitalidad de las tierras.