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Los peligros de tatuarse

Miércoles, 8 de octubre de 2008

El hecho de no observar las medidas de higiene antes indicadas, aumenta el riesgo de contraer enfermedades, no sólo del cliente, sino también de las personas que realizan el tatuaje. Con todo, el peligro de contraer una enfermedad no es algo implícito a la práctica del tatuaje, sino que depende del método de trabajo de cada tatuador, lo mismo que sucede con otras actividades conocidas, como la de dentista, médico, o esteticista. Por lo tanto, un estudio profesional que siga escrupulosamente todas las reglas de prevención y esterilización es una garantía tanto para el cliente, que en la mayoría de los casos entra en contacto con los instrumentos del tatuador, como para quien ejecuta el tatuaje. La utilización de guantes de látex es una prevención necesaria, pero no es suficiente. A menudo, los guantes de látex presentan minúsculos orificios que, aun siendo invisibles, dejan pasar la sangre de la persona sobre la que se está trabajando, aumentando de este modo el riesgo de contagio. Un tatuador no debería protegerse solamente las manos; a menudo, durante la ejecución de un tatuaje, puede lastimarse con el instrumento de tatuar o puede ensuciarse el rostro o la ropa con el color, mezclado con la sangre del tatuado. Una solución para este inconveniente podría ser la utilización de mascarillas, pero a menudo son un estorbo e impiden la visión perfecta de lo que se está haciendo. El riesgo de contraer una infección aumenta sobre todo durante la limpieza diaria cuando, además de lavar el suelo, se lavan todas las puntas utilizadas que, a continuación se colocarán en la máquina esterilizadora. Otro momento de mucho riesgo es el de desmontar la agujas utilizadas que, como ya hemos visto, se montan mediante soldadura en una barra de acero. Para separar una aguja de la barra puede precederse de varias formas. Por ejemplo, se pueden sumergir las agujas en una cocción que contenga un baño de estaño fundido a altísima temperatura. Este proceso desprende las agujas de la barra y las envuelve, de manera que pueden tirarse sin riesgos. Es fácil comprender el peligro de esta operación; en efecto, al deber manejar un gran números de agujas infectadas, el tatuador deberá tener mucho cuidado para no lastimarse. Después de haber desmontado todas las barras, se lavan todas juntas cuidadosamente en la lavadora de ultrasonidos y se desinfectan en el autoclave, de manera que estén preparadas para que se les monten nuevas agujas. A continuación, se vuelve a lavar y esterilizar todo el conjunto antes de empaquetar el producto final y conservarlo estéril hasta el momento de la próxima utilización.