Archivo de la categoría ‘Historia del tatuaje’

Tatuadores modernos

Miércoles, 8 de octubre de 2008

La primera máquina eléctrica (1891) para hacer tatuajes, realizada por Samuel O’Reilly.

En 1891, el tatuador norteamericano Samuel O’Reily revolucionó la técnica del tatuaje patentando la primera máquina eléctrica, estudiada para perfeccionar la ejecución de este arte. Antes de aquel momento, los tatuajes se realizaban a mano e incluso el propio O’Reilly había practicado de ese modo.
Pero la necesidad de una precisión cada vez mayor y el deseo de realizar obras cada vez más complejas, lo empujaron a elaborar un instrumento que había sido patentado en 1876 por Thomas A. Edison, estudiado para agujerear las hojas de papel que se utilizaban después como mascarillas para la imprenta. Posteriormente, Charlie Wagner mejoró la técnica del tatuaje empleando la máquina eléctrica, cuya utilización había aprendido del propio O’Reily.
Pero, la definición de los tatuadores modernos se identifica con aquellos artistas que trabajaron a partir de los primeros años de la década de los sesenta. Hoy en día, es famoso en el mundo del tatuaje el nombre de Sailor Jerry Collins (1911-1973). Nacido en California, tuvo una gran experiencia desde los años treinta en adelante como marino en navios mercantes que navegaban hacia Honolulú.
Al practicar el tatuaje a principio de los años sesenta, empezó a concebir y a perfeccionar un estilo muy personal que todavía se puede admirar gracias a la metódica documentación fotográfica que él mismo llevó a cabo.

Tatuajes artisticos

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Menos frecuentes eran los tatuajes como símbolo de pertenencia y de identificación (sobre todo entre los soldados), como recuerdo o como señal de una determinada posición política o jerárquica.
Sólo más tarde hicieron aparición en la lista de los temas más demandados los relacionados con el amor, con la fidelidad y los eróticos. Hacia finales del siglo xix, se produce la mayor difusión del tatuaje. Aunque, la máxima acogida tenía lugar todavía entre las clases bajas (obreros, jornaleros y artesanos), que solían tatuarse temas de su profesión, también tuvo una difusión considerable entre las clases altas, en su mayoría nobles excéntricos, de entre los cuales podemos mencionar a Eduardo VIII y al zar Nicolás.
En esta época el interés hacia el tatuaje fue en aumento. Todo ello puede confirmarse incluso por el hecho de que, en ese período, se difundio la costumbre de exponer personajes tatuados como atracción en las ferias y en los circos, los cuales consiguieron alcanzar un gran éxito de público.
Entre los primeros grandes tatuadores pertenecientes a este período podemos destacar al japonés Hory Chyo, que ya en 1860 poseía un taller en Tokio con muchos ayudantes y aprendices. Era muy famoso y considerado especialmente entre los oficiales de marina europeos. Sutherland McDonald, un alumno suyo, tatuaba según la técnica japonesa aprendida de su maestro y tenía un estudio en Picadilly Circus, en Londres.
En aquella época, en América los estudios de tatuajes estaban presentes en todos los puertos y el tatuador más reconocido fue Lewis Albert de Brooklyn.

El tatuaje en Europa

Miércoles, 8 de octubre de 2008

En la perfecta tradición de los albores del tatuaje en América y en Europa, este dibujo nos recuerda playas lejanas, islas paradisíacas, chicas de ensueño… También la realización de este tema sigue las características de los dibujos para tatuaje tradicionales.

El tatuaje volvió a ocupar protagonismo en la escena europea alrededor del 1800 gracias a los marineros que regresaban de las numerosas expediciones   de   los mares del Sur. Enseguida se extendió la moda y, a mediados del siglo xix, no sólo se tatuaron aquellos que habían navegado hacia esas tierras   lejanas, sino también un buen número de personas, en su mayoría soldados y marineros. Ya en esos primeros años de difusión es posible    identificar en el tatuaje europeo los estilos y los temas más comunes. Como la pasión por este arte había derivado de la Polinesia, los temas más difundidos eran los tahitia-nos, en perfecta sintonía con el estilo tribal de la isla, y utilizados como puro reclamo de aquellos paraísos lejanos (palmas, soles, bellas indígenas, bailando el hula-hula, etc.).
Otros temas muy difundidos eran aquellos que se relacionaban con los símbolos religiosos (cruces, rostros de Cristo y de la Virgen, frases de las sagradas escrituras, etcétera).

Los viajes al otro lado del océano

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Es el momento en que Europa se abre al descubrimiento y a la exploración de tierras lejanas, de pueblos desconocidos y misteriosos, por lo tanto, inevitablemente, al enfrentamiento con civilizaciones y culturas diferentes. Los viajes y las expediciones fueron abundantes y en igual medida que las influencias culturales traídas a Europa por las tripulaciones que en ellas participaron.

Asimismo, también empezaron a llegar al viejo continente expresiones tangibles de los misterios de ultramar y, de este modo, hicieron aparición en Europa algunos príncipes de las poblaciones de las nuevas tierras: el más famoso fue el príncipe tahitiano Omai. Estos personajes estaban tatuados y suscitaron una auténtica conmoción en la sociedad europea, hasta el punto de convertirse en verdaderos fenómenos sociales en las cortes y salones de la nobleza. Cuando en 1760 el capitán Cook llegó a Tahití con su navio Endeavour, los oficiales y la tripulación quedaron profunda y agradablemente impresionados por la felicidad de la población de la isla, próspera y en absoluto violenta, hasta el punto que, al regresar hablaron de ella como de la isla «Utopía», exhortando un acercamiento del frenético estilo de vida europeo al más relajado de la comunidad tahitiana. Los indígenas con los que aquellos habían entrado en contacto, y que tanto les habían impresionado, estaban abundantemente tatuados al estilo tribal tahitiano, de manera que bastantes marineros e incluso muchos oficiales se hicieron tatuar, como si quisieran llevarse a casa un poco de aquella armonía.
Lo mismo sucedió con otras tripulaciones y el tatuaje se ganó en la cultura europea un nombre que evocaba aquel mundo de ensueño representado por la isla de Tahití. De hecho, en tahitiano el tatuaje se llamaba tau-tau, sonido ono-matopéyico que imitaba a la perfección el sonido de los pequeños martillos que se empleaban como instrumento para tatuarse los habitantes de aquella comunidad. Es muy importante subrayar que, contrariamente a los prejuicios y a la desconfianza que se extenderán a continuación por Europa con motivo de esta práctica, considerada «de salvajes», el tatuaje, asociado a la isla de Tahití, fue bien aceptado en un primer momento como símbolo del acercamiento entre dos grandes culturas.

El tatuaje en la era cristiana

Miércoles, 8 de octubre de 2008

En los tiempos de las persecuciones de las primeras comunidades cristianas por parte de los romanos, parece cierto hoy en día que muchos de los fieles solían tatuarse símbolos religiosos, especialmente como muestra de reconocimiento dentro de la propia comunidad. Acabado el período de las persecuciones, esta práctica desapareció, convirtiéndose en un acto de fe hasta que en el año 787 Adriano I prohibió su uso. Sin embargo, una parte de los fieles pertenecientes a la iglesia de Oriente, en particular a las iglesias coptas, siguió tatuándose. Se sabe que algunas personas, principalmente marineros, al regresar de las peregrinaciones a Tierra Santa, traían tatuajes que simbolizaban su viaje y su devoción.
En Europa la costumbre de tatuarse desaparece, aunque probablemente no por completo, hasta el siglo xviii, período en el que se realizaron las grandes exploraciones geográficas.

Los primeros ejemplos en la antigüedad

Miércoles, 8 de octubre de 2008

El primer ejemplo conocido de tatuaje lo testimonia el descubrimiento del cuerpo momificado del famoso «hombre del hielo», descubierto en los Alpes, en septiembre de 1991. Sobre el cuerpo de la momia de Similaun, que se remonta al 3300 a. d. C, se descubrió inmediatamente la presencia de pequeños signos tatuados, muy estilizados y esquemáticos, formados por grupos de líneas paralelas, en la clavícula derecha y en la espalda, y por una cruz detrás de la rodilla izquierda.
Es el ejemplo más antiguo de tatuaje y, en un primer momento, se atribuyó a su antigüedad la simplicidad y el escaso cuidado por la estética, muy diferente de los antiguos ejemplos de tatuajes que se habían observado hasta entonces. Recientemente se ha observado que estos tatuajes, que no tenían ninguna finalidad decorativa o simbólico-social, habían sido realizados como práctica médica: en efecto, los tatuajes corresponden en su colocación a las partes del cuerpo afectadas por la artrosis.
Se trataba, por lo tanto, de tatuajes realizados como una especie de acupuntura, tatuajes terapéuticos para la curación de los dolores articulares. Según las reconstrucciones de antropólogos y paleopatólogos, estos tatuajes se realizaban practicando una incisión en la que se introducían hierbas medicinales que a continuación se quemaban, dejando así un ennegrecimiento bajo la piel.
Siguiendo con la antigua historia del tatuaje, llegamos hasta Egipto.
Allí se encontró la momia de una sacerdotisa de Athor que data del 2200 a. d. C. (XXI dinastía), cuyo cuerpo estaba completamente tatuado con dibujos decorativos de puntos y líneas estilizadas, probablemente de carácter sagrado y religioso.
El hallazgo en Asia central, más concretamente en Pazirik, de una momia del año 500 a. d. C, perteneciente a un jefe escita, abundantemente tatuada con representaciones de criaturas imaginarias, demuestra lo difícil que es llegar a establecer una concreta ubicación histórico-geográfica de la práctica del tatuaje desde la antigüedad. Probablemente, el tatuaje ha tenido un desarrollo geográficamente muy difundido y temporalmente continuado. Pero, desgraciadamente, dado el escaso interés mostrado por los historiadores de los siglos precedentes, no se ha registrado nada acerca del origen de esta práctica. Los testimonios, más o menos documentados, se remontan a los primeros años del cristianismo.

Un poco de historia del tatuaje

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Escribir la historia de los orígenes y el desarrollo del arte del tatuaje hasta nuestros días es una empresa bastante compleja, ya que el tatuaje es una práctica ancestral que se ha difundido de manera independiente entre numerosos pueblos de la antigüedad. Se trata de una práctica descubierta, olvidada y vuelta a descubrir en numerosas ocasiones. El tatuaje ha sido patrimonio de muchas civilizaciones. Por ello, no podemos localizar con exactitud el nacimiento de este arte ornamental, relacionado en muchas ocasiones con la expresividad del espíritu. Una confirmación de esto la obtenemos analizando las diferentes técnicas de tatuaje, utilizadas por diversos pueblos a lo largo de los siglos y todavía en la actualidad. Son bastante diferentes entre sí aunque todas tienen rasgos comunes. En consecuencia, es posible que hayan sido inventadas y modificadas, descubiertas varias veces, de manera contemporánea o de forma totalmente independiente entre sí, en uno u otro país. El estudio de estas técnicas, más allá de decirnos algo acerca de un origen de esta práctica, nos permite catalogar su origen y su alcance. Entre las poblaciones antiguas era común, y todavía lo es, la utilización de una aguja que hace correr bajo la piel un hilo manchado de carbón o negro de humo. En la Polinesia el instrumento preferido consiste en un pequeño martillo provisto de muchas puntas que, golpeado on un bastón, perfora la piel introduciendo de ese modo el pigmento. En otras islas, situadas en su mayoría en los alrededores de Nueva Guinea, se afilan perfectamente los dientes del tiburón hasta que se convierten en instrumentos precisos para «cincelar» el cuerpo.