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EL TATUAJE CARCELARIO

Miércoles, 8 de octubre de 2008

Un interesante testimonio del italiano De Blasio, contenido en un volumen que trata de las curiosidades y particularidades en las costumbres de la camorra a principio de nuestro siglo, nos permite comprender de que manera se consideraba el tatuaje entre muchos intelectuales. En su variante de práctica carcelaria, el tatuaje se presenta como un símbolo de pertenencia a la mala vida y no como un valor estético; se marcaba indeleblemente en el cuerpo de la misma manera que el delito había marcado el alma y la reputación del encarcelado. Los tatuajes se veían como un signo marginal de la sociedad, del no querer volver atrás desertando de la camorra, o bien, en más raras ocasiones, como un método para infundir temor. Entre los diferentes temas relacionados con esta variante del tatuaje estaban los tatuajes religiosos: los camorristas confiaban en salvar su alma encomendándose a los santos y a la Virgen.
Eran muy recurrentes los dibujos que simbolizaban amor y fidelidad, los tatuajes de profesión, las incisiones de fechas a recordar, los tatuajes eróticos y obscenos, las frases de amenaza y de venganza. Obviamente, las técnicas utilizadas eran muy rudimentarias y consistían en introducir las agujas en la piel (a menudo extraídas de otros objetos de hierro oportunamente afilados para hacerlos puntiagudos) para después rociar de color la herida.