Tatuando éroes y dioses de vikingos

Y, llegada la noche, todas las heridas recibidas en combate era milagrosamente sanadas, para que pudieran entrar en el gran salón de los Dioses, para disfrutar de unos festejos que duraban toda la noche. En cambio, quienes morían por causas naturales o de viejos, iban a un lugar oscuro e inhóspito, donde reinaba Hel, y en donde sus almas incorpóreas flotaban sin rumbo fijo. No era extraño, pues, que deseasen morir en combate… lo que hacía de ellos unos terribles combatientes.  De todos modos, la mayoría de la población de las tierras vikingas no eran guerreros, sino granjeros, artesanos o comerciantes, que adoraban a Frej y Freja, los dioses de la fertilidad. Por cierto, que los comerciantes también tenían el espíritu viajero de sus connadónales piratas, y viajaban al interior del continente usando los grandes ríos… y eran tenidos por comerciantes honestos. Pero, como pasa casi siempre, son los más extremados de un grupo, los más noticiables, en los que acaba fijándose la historia. De ahí que a los vikingos les haya quedado la fama de feroces piratas. En cuanto a los que sí eran feroces, quizá su carácter viniera inspirado por su propio panteón de dioses, ya que los más importantes de su mitología eran los dioses guerreros. Tyr era su Dios de las batallas organizadas, y Thor el de los combates caóticos. Odín era el Padre de todos los Dioses, y Dios de la sabiduría. Y esos dioses guerreros estaban bien armados con armas mágicas. Así, Odín tenía una lanza que nada podía detener, Thor, un tremendo martillo, que siempre volvía a su mano cuando lo lanzaba, mientras que Frej tenía una espada que podía combatir por sí misma.

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