Las motivaciones de una elección

Espada y rosa. Guerra y amor. Un tema muy común en el mundo del tatuaje.

No creemos que sea exagerado decir que llevar un tatuaje es una gran responsabilidad. Son diferentes las motivaciones que empujan a una persona a llevar para siempre una imagen impresa en el cuerpo, y todas ellas son respetables si se han valorado con reflexión y convicción. La causa más simple e inmediata puede ser la del puro placer estético: amar las cosas bellas y las obras de arte puede incitar al deseo de convertir el propio cuerpo en un soporte directo del genio artístico de un determinado autor. Ciertamente, eso significa tener plena confianza en el tatuador que debe decorarle y, sobre todo, tener el deseo de colaborar en una bella creación que pasará para siempre a formar parte de su vida. Es conveniente recordar que un tatuador profesional tiene seguramente más experiencia que usted y, por lo tanto, puede ayudarle y aconsejarle sobre todo por lo que respecta a las soluciones técnicas y artísticas, que normalmente escapan del dominio del gran público, para un buen acabado de un trabajo. Cuando el resultado final de un tatuaje es el esperado, el que coincide con los primeros bocetos, el primero en experimentar una gran satisfacción es el propio tatuador. Es precisamente por esto que los tatuadores prefieren realizar especialmente tatuajes personales y exclusivos, nacidos del entendimiento y la relación con la persona que ha decidido confiar en él.

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