Algunos recursos

Cualquier parte del cuerpo es tatuable, obviamente, teniendo en cuenta que el dolor que deberá soportar variará mucho según la zona elegida. Pero existen algunos casos en los que se evita tatuar, más que nada para evitar eventuales problemas futuros de salud, o bien resultados muy reñidos con la estética.

LOS LUNARES

Como sabemos, los lunares son pequeñas aglomeraciones de pigmentación en la piel de carácter benigno; de todos es conocido también que es peligroso estimularlos de forma violenta, para no poner en marcha un proceso que los transforme en malignos. Así, en la ejecución del tatuaje, se evitará siempre tatuar un lunar, para impedir que la aguja, con su acción mecánica, origine una situación peligrosa. Este inconveniente puede resolverse colocando el dibujo del tatuaje de tal manera que no se toque ningún lunar —esta es una solución sencilla sobre todo en el caso de tatuajes de pequeñas dimensiones—, o bien dejando una línea truncada, o una pequeña zona del tatuaje sin color, en el caso en que un dibujo sea más grande y, por lo tanto, sea imposible dejar todos los lunares fuera de la zona interesada.

LAS CICATRICES

A menudo se nos pide que cubramos una cicatriz con un tatuaje. Esto es técnicamente posible, pero es preferible no hacerlo. Conozcamos la razón. La piel de una zona afectada por cicatrices es muy diferente de la piel normal, y la mayoría de las veces se presenta brillante y con relieves. Un tatuaje colocado sobre una cicatriz resultaría bastante opaco y muy liso en las partes que permanecen sobre la piel normal, y brillante y arrugado en la cicatriz, produciendo un efecto antiestético evidente. Además, a veces se pueden formar en una cicatriz pequeños sacos de aire que, si se perforan con la aguja, se llenarían de tinta, creando manchas tatuadas que no harían agradable el resultado final.

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